martes, 15 de diciembre de 2009

PARA SONREÍR HAY QUE SABER LO QUE ES SUFRIR

Había una vez, una niña llamada Rocío que vivía con su familia en un pueblo muy lejano.La chica iba al colegio secundario. Le gustaba estudiar y siempre tenía buenas notas.Cierto día, los papás de Rocío, comenzaron a tener conflictos entre ellos. La niña se empezó a sentir muy triste, y tuvieron que buscar a una psicóloga para que la ayudara. Una tarde de invierno, su mamá la llevó y le contó todo lo que le estaba sucediendo.La doctora, le explicó que a veces pasaban estos problemas.Cuando su madre la fue a buscar, volvieron para su hogar, y ésta le dijo que, tuvieron que tomar la decisión de divorciarse ya que las cosas con su padre no andaban bien.-Yo no pensé que iba a pasar esto, ahora no voy a ser lo que soy-, dijo Rocío mientras lloraba en su pieza. Al poco tiempo, decidió dejar de estudiar, pero su familia no se lo permitió.Por segunda vez hablaron con su psicóloga, y ésta le exclamó:-Vos no podés dejar tus estudios por esto, tenés que seguir a delante, algún día todo se va a solucionar-.La muchacha siguió sus consejos y al año siguiente, se fue a estudiar a la universidad de Rosario. Ella hablaba todos los días con su papá y lo visitaba casi siempre.Cuando se hizo más grande, ya a los 19, pudo comprender bien lo que había vivido de muy pequeña. Por suerte, en la facultad, cosechó millones de amigas, una de ellas se llamaba Virginia, estaban todos los días juntas, y se contaban todos sus secretos.Al fin y al cabo, la vida no había sido cruel con ella y pudo superar sus tristezas gracias a los amigos y fue feliz por siempre.

1 comentario:

  1. Es muy lindo tu cuentito. Te dejo un beso grandote y el deseo de que pases unas muy felices fiestas.

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